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EL CONGRESO MUNDIAL DE LA ENERGÍA DE MONTREAL: Consensos y Conclusiones - Jorge Ferioli

Entre el 12 y el 16 de septiembre del corriente año tuvo lugar en Montreal (Canadá), el XXIº Congreso Mundial de la Energía. Se trata de un evento que se repite, cada tres años desde hace más de seis décadas. Es la reunión emblemática del Consejo Mundial de la Energía, creado en 1923.

El Congreso reunió más de 7.000 asistentes, entre ellos 70 ministros de energía, 300 CEOs empresarios y numerosos especialistas de más de 100 naciones.

Las cuatro jornadas del Congreso fueron divididas sobre un criterio temático que el Consejo adoptó y que se resume en el concepto de “las 4 `Aes´ de la Energía”. La primera corresponde a Availability (disponibilidad), la segunda a Accessibility (acceso), la tercera a Acceptability (aceptación) y la cuarta, Accountability (responsabilidad).

Jorge Ferioli - Disponibilidad:

Una constante de todas las proyecciones energéticas que se escucharon en el Congreso es que, en las próximas 2 o 3 décadas, los combustibles fósiles seguirán representando una porción mayoritaria de la ecuación energética, en proporciones superiores al 70%.

En cuanto al petróleo se admitió que la disponibilidad frente a los requerimientos de la demanda, no está asegurada “a priori”. Algunos expositores manifestaron su impresión que existiría la posibilidad de un “plateau” en la producción mundial en el rango de los 95 millones de barriles/día (producción actual: 83/84 millones de b/d).

La estrella del Congreso fue revolución del gas natural debido al “shale gas”, gas atrapado en la roca, que no logró permear hasta las trampas hidrocarburíferas, que es de donde se lo extrae convencionalmente.

Ya ha alterado dramáticamente el mercado del gas natural en EE.UU., con importantes descensos en los precios, el único “commodity” cuyos precios bajaron en el último quinquenio. También se dejó claro que todavía quedan por solucionar desafíos importantes en términos geológicos (baja recuperabilidad y rápida declinación de los pozos), ambientales (uso del agua), energéticos (balance energético neto) y económicos (costo total de producción).

El carbón, aún con sus secuelas ambientales, continúa aportando el 25% de la matriz energética global y el grueso de la generación eléctrica de base en el mundo. Incluso, ha sido el combustible convencional con mayor dinamismo en la última década.

Las energías renovables (especialmente la energía eólica) siguen siendo las más dinámicas aunque todavía parten de niveles absolutos relativamente modestos.

Los biocombustibles tienen una alta tasa de crecimiento aunque que no es sostenible que, en su proceso de producción, se desplacen tierras arables aptas para cultivos alimenticios. Es por ello que el futuro pertenece a los biocombustibles de segunda y tercera generación, que no utilizan tierras cultivables.

Del lado de la demanda de energía, fue unánime el convencimiento de que la eficiencia energética es un recurso adicional, quizás el más importante y el más accesible, no sujeto a riesgo exploratorio ni a problemas ambientales.

Sin embargo la eficiencia no es vista como una “bala de plata” para acciones de única vez. Es, en cambio, un proceso continuo que, a semejanza del de “calidad total”, es recurrente.

Otra evidencia, respecto de la demanda de energía es que el crecimiento económico lleva hacia formas más “nobles” de energía con la electricidad en la cúspide, la demanda tiende a “electrificarse”. Esto está comenzando a incluir al transporte individual donde se da un cambio importante de paradigmas con numerosos modelos híbridos o eléctricos llegando masivamente a los mercados.

Las redes eléctricas tienen que ser objeto de atención y de importantes inversiones para añadir inteligencia artificial (“smart grids”,) porque sobre ellas convergen numerosos requerimientos nuevos: que canalicen la generación eólica, con sus intermitencias y energías reactivas, que posibiliten consumir y generar a nivel del consumidor individual, que viabilicen al usuario inteligente para optimizar la demanda, etc.

Aceptación

La reunión COP 15 de Copenhagen fue visto en algunos círculos como un fracaso. Pese a la intensa expectativa que concitó, no logró aprobar metas obligatorias. Sin embargo, se rescató como dato positivo, que cien jefes de estado se reunieran y estuvieran de acuerdo en la importancia del tema.

Resultó claro que los países emergentes no ven con entusiasmo esos límites porque temen que traben su desarrollo. La buena noticia es que su crecimiento energético será más eficiente que el de las potencias occidentales en el pasado.

El gas natural, como el menos emisor de los combustibles fósiles, junto con su posible superabundancia por el surgimiento del “shale gas”, abre la posibilidad de “descarbonizar” gran parte de las futuras expansiones de la capacidad de generación eléctrica.

La energía nuclear pasó la crisis pos-Chernobyl y la época de relativo ocaso que para ella representó “primavera” del gas de la década de los ‘90. Se ha revalorizado por representar una fuente de energía libre de emisiones de efecto invernadero.

En tanto que las tecnologías de captura y secuestro de carbono (CCS) están, en su mayoría en prueba piloto como para tener una idea clara de su escalabilidad, su ecuación energética y sus costos, el “revamping” del vasto parque existente de generadoras a carbón ofrece la posibilidad de bajar sustancialmente el nivel de emisiones sin tener que esperar más que la decisión y el financiamiento.

Acceso

La exclusión energética marca la agenda social de este siglo. Un veinte por ciento de la población del mundo no tiene acceso alguno a formas modernas de energía.

El dilema sigue girando alrededor de un hecho: la energía sostenible es cara. Cómo conciliar el acceso a la energía de los excluidos (que, a menudo, involucra alguna forma de subsidio) con la necesidad de precios realistas que moderen naturalmente la demanda y alienten el aumento de la oferta es el delicado balance que debe lograrse en cada caso particular.

En zonas aisladas, con poca densidad poblacional, donde resulta inviable llegar con redes de transmisión, resulta posible saltear etapas y pasar a formas renovables modernas de energía (eólica o solar).

Responsabilidad

Las políticas públicas son esenciales para canalizar la iniciativa privada frente a las externalidades e imperfecciones de los mercados energéticos, donde, como se ha dicho, pensar en el año 2030 es hoy más importante que en el 2020.

En distintos momentos del Congreso se puso énfasis en que las políticas públicas deben poner incentivos, compensar externalidades pero nunca elegir ganadores. Fue reiterado que las regulaciones deben ser “market oriented” y respaldarse lo menos posible en mecanismos de comando y control.

Pero también se reconoció que el mercado tiene sus límites y el cambio climático y la eficiencia energética es uno de ellos. El cambio tecnológico necesita la inducción de las políticas públicas para posibilitar su aplicación masiva.

Por último, las enormes sumas necesarias que requiere el mundo para invertir en energía sólo pueden ser obtenidas generando un ambiente regulatorio estable y bien diseñado.

Síntesis final

Pierre Gaddoneix, presidente del Consejo Mundial, reseñó los tres logros más importantes del Congreso de Montreal

1) Fijar la agenda energética de los próximos años: estará dominada por la proximidad de límites obligatorios para las emisiones de CO2, la renovada necesidad de mejorar la eficiencia en el uso de la energía, el despliegue de la explotación del “shale” gas y el salto en la participación en la matriz energética de las energías renovables merced a la continuación de su dinamismo.

La gran oportunidad que tenemos por delante es el desarrollo tecnológico como clave de la solución en todos los sectores del ámbito de la energía.

2) Determinar las oportunidades y las amenazas:

2.1) Oportunidades: en general, la tecnología, una herramienta polivalente que permite, a la vez, aumentar y hacer viable una mayor oferta de energía y mejorar la eficiencia energética de la demanda.

2.2) Amenazas: una asignatura pendiente para todos los países e, individualmente, para las empresas en particular, es no desatender el footprint de emisiones. Se siguen mencionando posibles medidas paraarancelarias de ciertos países ante valores elevados de emisiones, producto por producto. Chile ya está pensando cómo enfrentar el tema. A nuestro criterio, otra amenaza (aún discrepando con una posición más flexible del propio Consejo Mundial) es un optimismo excesivo en la consideración de las reservas. Cuando se dice que alcanzan para cien años, no son cien años en cualquier caso sino solamente al ritmo del consumo actual.

3) Determinar la “hoja de ruta” para el ajuste de las políticas energéticas y el incremento de la cooperación internacional, que es crucial para establecer límites obligatorios a las emisiones de gases de efecto invernadero.

En las palabras de cierre del Congreso, Pierre Gaddoneix señaló: “El crecimiento sostenible no es una opción, es una necesidad. Si bien el objetivo es claro, encontrar el mejor camino para llegar a él será un reto para todos. Creo que, para responder al desafío, tenemos que confiar más que nunca en la cooperación y el diálogo de todos las partes interesadas – gobiernos, empresas, científicos y ONGs. El Consejo Mundial de la Energía puede ser un elemento promotor de ese movimiento. Este Congreso ha, de hecho, demostrado su capacidad para catalizar las ideas y proponer nuevas visiones”.

Lic. Jorge Ferioli – Presidente Comité Argentino del Consejo Mundial de la Energía (CACME)

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